El alce y el vendedor

Érase una vez un vendedor que era capaz de venderlo todo. No se le resistía nadie, y sus amigos lo ponían continuamente a prueba, pero éste siempre salía victorioso, consiguió vender artículos inútiles a gente que nunca podría necesitar esos objetos. Vendió trajes de obrero a reyes, guantes a mancos, zapatos a cojos, telescopios a ciegos y discos de música a sordos.

Pero un día un compañero lo retó a venderle una máscara anti gas a un alce y apostó todo su patrimonio a que no era capaz. Aceptó y se fueron al norte a emprender su nueva aventura.

Llegó al bosque y observó entusiasmado a sus potenciales clientes.

-Buenos días, señor Alce!

-Buenos días

-¿qué suele hacer usted por aquí? – le preguntó

-Lo de siempre -respondió sin mirar al vendedor

-¿qué pasaría si le digo que puede hoy hacer algo diferente y divertido?

-nada, todo seguiría igual

-¿no quiere en verdad esta magnífica máscara anti gas?

-¿para qué?-miró incrédulo el alce

-para purificar el aire de tóxicos! y le queda muy bien! se puede ir de fiesta de disfraces con ella.

-aquí no necesitamos nada, tenemos la naturaleza que nos da aire puro, nos da comida y  nos da todo lo que necesitamos.

Tras varias horas de conversación e intentos infructuosos el incombustible vendedor se fue a su cabaña triste advirtiendo las miradas de burla de su compañero. No podía ser que él, el magnífico vendedor, no pudiera cumplir con su objetivo. Pero se le encendió una bombilla.

Al día siguiente, recién se asomaba el sol, partió nuestro vendedor para ponerse manos a la obra y se dispuso a construir una fábrica. Su compañero no sabía qué tramaba. Después de unas semanas la fábrica estaba a pleno rendimiento, con sus vaivenes, mercancía de un lado a otro y contaminación, mucha contaminación.

Los alces, mareados ante un aire irrespirable, acudieron al vendedor preguntándole si tenía todavía máscaras anti gas. Él felizmente hizo su agosto.

Su compañero aceptó la derrota y el vendedor le perdonó su deuda. E intrigado le preguntó al vendedor.

-por cierto, ¿qué fabricas ahí?

-máscaras anti gas


De ahí tenemos la expresión en alemán venderle al alce una máscara anti gas (Dem Elch eine Gasmaske verkaufen)

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