D6.- Sobre la aventura del pensamiento: Wittgenstein

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo y es mi mundo el que marca los límites de mi lenguaje, a los cuales nunca llega y cada vez que crece y se infla, resquebraja y empuja los límites de mi mundo, haciéndolo crecer. También, dentro de mi lenguaje conocido puedo hacer crecer mi mundo, alumbrando espacios oscuros localizados o parcialmente conocidos pero sin designación ni explicación, o abriendo nuevos caminos.

El tractatus logico-philosophicus era un camino que había que recorrer para profundizar en el conocimiento del lenguaje. Aunque se desmintieran más tarde algunas premisas, éstas fueron necesarias para llegar al siguiente nivel y confirmar la existencia de vías de pensamiento divergentes. Primero desde el pensamiento, en el que se declara que el mundo es mi mundo y, por lo tanto, el lenguaje es privado; y después, desmentirlo. No se puede estar de acuerdo con que el lenguaje es algo privado, aunque se pueda usar de manera desvirtuada y despojarla de toda intelegibilidad, puesto que el lenguaje nace de la necesidad de comunicar algo a alguien. Con el tiempo, además, fue creciendo en cantidad y calidad mostrando su necesidad y ventaja como estrategia evolutiva.

En cuanto al discurso humano, es cierto que ha de perseguir la humildad, pero callarse de lo que no se puede hablar incita a la larga al inmovilismo intelectual, pues la imaginación y la reflexión son actos puros de la mente que pueden aportar mucho al colectivo, a pesar y a causa de sus errores, y comunicarlos es el primer paso. Puede decir que lo importante de su obra es lo que se calla pero no lo sabremos nunca, y lo que no se comunicó no existe -hasta que aparezca-.

Es de una gran lucidez intentar buscar un lenguaje perfecto y puro, que pueda demostrar el mundo, ajeno a nuestras alteraciones, como también lo es llegar a la conclusión -con los medios y cerebros actuales- de que no se puede dar con él. No se puede porque el mundo es infinito y necesita de lenguajes imperfectos, inacabados, que pueden romperse, deshacerse, resintetizar y generar nuevos vocablos para los nuevos conceptos descubiertos, y dejar en los recuerdos de los archivos los que ya dejaron de existir en nuestro mundo. Por esto es imposible un lenguaje purificado, dado que el lenguaje es nuestro constructo, y crece con nosotros dentro de las infinitas posibilidades del interminable universo. El lenguaje es interpretable, lleno de trampas, equívocos y capaz de crear belleza, porque se relaciona con el mundo.

Después de dar vueltas por Europa, cuando vuelve a Inglaterra con una filosofia radicalmente distinta, no se podía crear un lenguaje puro al margen de los reales, puesto que nace de nosotros, de nuestra mente, de nuestro mundo, sólo existen los lenguajes reales y tenemos que entender el mundo a través de ellos, cada uno nos indica perspectivas. Por lo tanto es compartido y no privado, es interpersonal.

Hay quienes -como Jacque Fresco- abogan por crear una nueva lengua pura que todo el mundo entienda y no esté sujeta a percepciones subjetivas alteradas, pero eso es imposible, porque incluso en la misma lengua la gente no se comprende. El lenguaje nace de eventos, momentos intrínsecamente enlazados a la cultura de un grupo y a experiencias individuales que activan las conexiones neuronales únicas e irrepetibles que nos suceden a cada uno. Se antoja muy lejano una lengua común, pura y objetiva si somos tan diferentes.

Enlaces:

La aventura del pensamiento. Wittgenstein

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