Cartas de un emigrante

Hola mi Coronel,

Soy aquél de la carta que nunca te llegaría, y noto ausencia de respuesta. Quería hacerte llegar que en estas últimas batallas hemos salido vapuleados, aún quedan bajas por confirmar.

El tiempo aquí mejoró: ahora es una trampa que te invita con amabilidad, directo a la vista, no escuches sus bondades, su olor te seduce, te sabrá la primera cata de maravilla, pero cuando hagas un trato con él y pases el tuyo con él, lo sentirás, y será por dentro,  a nosotros que lo conocemos nos sigue maltratando. Me aqueja un mal de espalda que no sé si achacárselo a la reciente contienda o al mal bonito tiempo, quizás haya recibido de ambos.

Mi Oberst, he de reconocerte que también había hileras de luz, que pareciendo frías iluminaban la madera que necesitaba, deseosa de arder para activarnos. Por una rendija una gran líder de otros batallones me pasó un mensaje en una botella. La botella me la bebí, no la del mensaje, sino la de la distracción que precisaba, y ¿el mensaje? Era una clave, pensaba que era tu carta,  pero no.  El mensaje pertenecía a una carta de otro emigrante, contenía un mapa. Este mapa me conduce a un nuevo mundo -ya viejo en realidad, pero que tiene mucho por descubrir- donde una gran batalla me espera, la he de librar y salir victorioso para terminar esta gran campaña.

De momento sólo es un mapa y algunos maravillosos extractos que me llevarán a las siguientes pistas, que me presentarán esas cartas que tanto ansío leer y cuyas piezas me han movido a pararme de mi malasiento para seguir. Mi trasero lo agradecerá.

Mi Polkovnik, la líder del batallón CXXVI, me indica claves para descifrar los entresijos de la campaña, coordenadas que me proporciona para futuros periplos, me prepara para  perperir por las experiencias del emigrante que quedaron grabadas en sus cartas.

Mi Shangxiao, vienen batallas muy toscas y de ingente magnitud, y si el tiempo no cambia, más difícil devendrán. Pero estas claves son un clavo ardiendo -como esa bolsa de piedrecitas a mi espalda, que se relaje, no se vaya a quedar pinzada-, un clavo que tira de mí, confío que a buen puerto.

Mi Colonel, no  creo que de ti llegue respuesta alguna, al menos albergo la esperanza de que mi carta te llegue a tiempo, o que, en un acto sabio de sana rebeldía, atraque en algún espíritu mal varado y le insufle brío para continuar con su empresa perdida.

Coronel, no es momento de venirse más abajo, tú no te desmoronabas nunca, ni ante el peor tiempo, ni aunque comieras mierda, tú  aguantabas impasible con temple, merecedor de un himno solemne. Yo, veremos si sostengo el mío, hasta donde me lleven los pies.

 Fin de botella.

 

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